‘El monstruo de la nostalgia. Las referencias culturales destruyen máquinas del tiempo’, de pennylanebcn

INTRODUCCIÓN

Yo he venido aquí a hablar del monstruo de la nostalgia. Un bicho de muchas patas, una tela de araña que todo lo infecta, como hace cualquier enfermedad. Y de cómo matarlo. Es decir, este libro trata de la vida, de los icebergs que nos ha tocado sortear, del miedo constante que tenemos. ¿Cómo lo hace? A través de series, concretamente de sus referencias: la luz a la que Carol Anne de Poltergeist debía dirigirse para escapar de los fantasmas.

Pero antes, dos anécdotas.

Cuando mi hermana fue al cine a ver con su hijo Ready Player One, me contaba cómo ella le explicaba las referencias musicales y él a su vez le contaba las de videojuegos. Al compartir conocimientos culturales que detectaban en la película a modo de guiño, generaron una complicidad entre ambos que no siempre es fácil en personas de diferentes generaciones. Porque las referencias nos acercan.

En cuanto a mí, en 2010 acabó una serie que hizo historia. Estoy hablando de Perdidos. Recuerdo que tras cada capítulo iba a un foro llamado Forolostzilla en el que se debatían los capítulos, los misterios, las teorías. Poco después descubrí Lostpedia, otra página hecha por fans. Todo un hallazgo. Ahí me topé con una sección titulada: “Referencias culturales”. A partir de ese momento, tras cada capítulo, me dirigía con ansia a dicha sección para que me explicaran cuántas cosas me había perdido: libros que aparecían en el capítulo cuyo argumento presagiaba el del episodio, canciones, series norteamericanas de los años 70, etc.

Al principio, este libro pretendía tratar de forma inocente y sin pretensiones de las series Perdidos, Stranger Things, Padre de familia y los Simpson. El miedo del que hablábamos me hacía ponerme barreras y escribir este texto rodeando su tema principal, sin tratarlo directamente. Pero en realidad, esto no va de series o referencias. Pretende analizar algo mucho más importante: matar lo peor de la nostalgia a través de las referencias culturales en la ficción televisiva. Las referencias, como se verá en las siguientes páginas, son la risa a la que aludía Umberto Eco en su templo cinematográfico, El nombre de la rosa. Ya sabéis: la risa mata el miedo. Y las referencias son la furgoneta de Perdidos de los años 70 a través de la cual podemos analizar esta nostalgia que todo lo traspasa y que pretende hacernos olvidar que cualquier tiempo pasado fue mucho peor.

Antes de proseguir, una confesión. Perdonadme si podéis, pero no me gustan particularmente las series Los Simpson o Stranger Things, a pesar de que esta última, que ha tenido un éxito intergeneracional sin precedentes, la he visto entera. En el momento en el que escribo estas líneas, va por la temporada cuatro y ahí siguen los protagonistas, sin poder matar al monstruo. Al monstruo de la fiebre ochentera. Al monstruo de la nostalgia. Pero ¿por qué la nostalgia es un monstruo? En realidad ya lo sabéis. Porque idealizar el pasado te puede conducir a votar a Vox. ¿Qué dice esta loca? Dadme un momento, en seguida os lo explico.

Que hay un obsesión con el pasado es un hecho. La nostalgia como reclamo comercial lleva décadas acompañándonos. Nos venden nostalgia a través de camisetas, libros, películas, series. Pero no solo. También hay nostalgia en las redes sociales, en las estrategias electorales. La manipulación es constante. Casi todo apela a nuestros recuerdos más luminosos.

Vivimos tiempos de incertidumbre y de miedo —guerras, inflación, precariedad, la especulación con la vivienda, los desahucios, la pandemia mundial, el desmantelamiento de la sanidad y un largo etcétera— que nos hacen buscar remedios en otro siglo que recordamos mejor de lo que fue. Los monstruos del presente nos convierten en carne de cañón para quien nos quiere hacer viajar en el tiempo. Concretamente, al pasado. A cuando no teníamos derechos, a cuando aún había más violencia, ya os lo demostró Steven Pinker en Los ángeles que llevamos dentro.

¿Habéis visto las películas Regreso al futuro, Peggy Sue se casó o En algún lugar del tiempo? La primera, seguro que sí. El caso es que las tres comparten el mismo argumento, a saber, un viaje en el tiempo, al pasado, concretamente, y muy idealizado. Ahí es donde los protagonistas, interpretados por Michael J. Fox, Kathleen Turner y Christopher Reeve respectivamente, son mucho más felices que en el presente. El primero y la segunda no solo se encuentran a sí mismos en ese viaje, sino que además solucionan sus problemas actuales gracias a la acción del pasado, a volver a él, a sus ideales, a su estilo de vida. Por su parte, el tercero encuentra el amor verdadero y el pasado se convierte en su presente para el resto de sus días. En el pasado está la felicidad, parece que nos quieren decir en estas tres películas.

¿Sabéis que otra cosa forma parte del pasado y aporta más felicidad? Las referencias culturales. Los guiños, alusiones, homenajes a algo que hayas visto, escuchado o leído en algún momento de tu vida.

Las referencias son el ingrediente principal de la comunicación, de la cultura y del arte. Activan nuestros recuerdos, ponen en marcha diferentes mecanismos (el humor y la complicidad), acercan a las personas de diferentes generaciones, como ya hemos visto. Pero no solo eso, también nos protegen de los peligros. De uno muy concreto: el de la nostalgia, el de querer volver al pasado, a ideas y estilos de vida que creíamos superados, solo porque el tiempo y los actores reaccionarios insisten en la falacia de que aquella era una vida mejor, más fácil y segura. Una mentira preciosa, pero una mentira al fin y al cabo. Un engaño que puede degenerar en un monstruo, uno que resucita incluso en nuestras instituciones democráticas: la nostalgia.

¿Y cómo combatimos la nostalgia? Con el humor que derraman las referencias culturales. La cultura salva. Es un hecho.

Cada vez que veo una serie de animación llamada Padre de Familia (Family Guy), me da un placer inmenso reconocer casi la totalidad de las referencias a las que aluden. Es como un chiste privado que aporta una comicidad extra a una serie que dura 23 minutos y tiene, ojo ahí, más de una referencia por minuto. Hay muchos guiños a películas y a hechos controvertidos de ciertos actores o cantantes famosos, pero también aparecen alusiones a políticos. Me estoy acordando de una escena que protagoniza el alcalde del pueblo: un calco del vídeo del momento en el que informaron al expresidente de Estados Unidos, George W. Bush, de los atentados el día 11 de septiembre del 2001. Recuerdo haberle explicado esta referencia a una persona de 80 años, mi señora madre, porque ella no recordaba el vídeo. Nos reímos juntas con una alusión a uno de los recuerdos más terribles para el mundo y es pespecial para los norteamericanos, usado como arma defensiva, como medicina: el humor. Porque el humor que generan las referencias sana las heridas, combate el miedo que te podría hacer pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor y conjura un vínculo comunicativo muy poderoso entre las personas.

Esta referencia de Bush es crucial para entener de qué habla este libro ya que el 11 de septiembre de 2001 fue, en palabras de Pierre Nora, un “acontecimiento-monstruo” cuya repercusión a escala global y consecuencias nos han convertido en personas fácilmente manipulables.

Perdonadme. Pero sí. El miedo nos hace vulnerables. Frágiles. Manipulables. Nos convierte en quienes no seríamos de no tenerlo y como consecuencia acabamos planteándonos votar a quienes nos quieren volver a llevar a la edad oscura de la humanidad. Un acontecimiento monstruo que, pese a ocasionar la misma cantidad de muertos que niños mueren al día de enfermedades curables como la malaria, provocó un cambio en la política global. Desde ese 11 de septiembre ha habido una cadena de acontecimientos que incluyen colapso, políticas migratorias genocidas, recesión económica, guerra en Europa, etc.,  que me recuerdan al monstruo de la última temporada de Stranger Things, Vecna: un no muerto muy poderoso que una vez fue humano, capaz de controlar la mente de las personas que viven con miedo y que consigue paralizarlas a través del terror. Su aspecto incluye múltiples ramificaciones, como si de una tela de araña se tratase. En la serie se unen varias generaciones para acabar con este monstruo. Algunas de esas generaciones son: el 15M, la primavera árabe y, en el momento de escribir esto, la revolución del velo en Irán, etc.

Veréis, Los Simpson o Stranger Things quizá no sean La historia interminable, pero en el fondo sí, puesto que son historias dentro de historias. Y eso lo consiguen mediante las referencias. Es una forma de viajar al pasado para explicarnos el presente. Y cuando pienso en referencias, guiños, alusiones y homenajes, siempre que examino la trampa de la nostalgia y analizo cómo combatir el miedo, me vienen a la cabeza las mismas cuatro series. Y con ellas entenderemos nuestro presente para pensar cómo alumbrar el futuro.

Gracias a Internet, hoy podemos descubrir todas las referencias que no habíamos entendido (por ser alusiones a series norteamercianas de los años 70 o por ser guiños a todo el universo de Star Wars) a las personas que somos menos especializadas, como una servidora.

Y gracias a este libro, si me acompañáis en mi locura, descubriréis cómo matar al monstruo de la nostalgia usando el pasado como arma definitiva, no como idealización de un tiempo que en realidad nunca fue mejor.

Dejadme ser vuestra Koreander, estimadas Bastian Baltasar Bux (un apellido que, por cierto, suena igual que la palabra ‘books’ que significa ‘libros’ en español, como bien sabéis). Acompañadme en este viaje, no al pasado sino al futuro, el único verdaderamente democrático: el de la cultura, la risa y la esperanza.

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